María, acompáñanos en cada visita a una vivienda

Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.

Hay algo especial en el momento de ir a visitar una vivienda.

Hasta entonces solo hemos visto fotografías, leído una descripción, mirado un plano quizá y hecho unas cuantas cuentas.

Pero llega el día de cruzar la puerta.

Y en pocos minutos intentamos imaginar muchas cosas a la vez.

Miramos las habitaciones, abrimos ventanas, preguntamos por la calefacción, observamos el edificio, pensamos en lo que habría que arreglar y volvemos mentalmente al precio una y otra vez.

Mientras tanto, casi sin darnos cuenta, empezamos a imaginarnos viviendo allí.

«¿Podría ser este nuestro hogar?»

Hoy quiero pedirle a María que nos acompañe precisamente en esos momentos. No para buscar señales ni para esperar que ella decida por nosotros.

Simplemente para entrar en cada vivienda con los ojos abiertos, los pies en la tierra y el corazón en paz.

Madre, entra con nosotros por esa puerta

María, acompáñanos en cada visita a una vivienda.

Ven con nosotros cuando salgamos de casa con una dirección apuntada y esa mezcla de ilusión y prudencia que ya conoces bien.

Acompáñanos mientras recorremos la calle, buscamos el portal y esperamos a que nos abran la puerta.

Tú sabes que algunas veces llegaremos ilusionados y otras casi sin esperanza, pensando que probablemente esta vivienda tampoco será para nosotros.

Ayúdanos a entrar sin prejuicios.

Que no decidamos en los primeros treinta segundos que aquello es maravilloso ni que lo descartemos demasiado deprisa por una primera impresión.

Danos tranquilidad para mirar.

Que recorramos cada habitación sin prisas. Observemos aquello que importa. Debemos preguntar lo que necesitamos saber aunque nos parezca incómodo hacerlo.

Si algo no entendemos, ayúdanos a reconocerlo.

Si vemos algo que nos preocupa, que las ganas de encontrar por fin una casa no nos hagan mirar hacia otro lado.

Y si encontramos cosas que no nos gustan pero que realmente son secundarias, ayúdanos también a ponerlas en su sitio.

María, acompáñanos cuando empecemos a imaginarnos allí.

Porque sé lo fácil que resulta entrar en una habitación vacía y pensar enseguida dónde pondríamos la cama, la mesa o aquel mueble que llevamos años guardando.

Es bonito ilusionarse.

No quiero tener miedo de hacerlo.

Pero tampoco quiero que esa ilusión nos impida ver la vivienda tal como es.

Ayúdanos a escuchar también a quien venga con nosotros.

Quizá donde yo vea una posibilidad, otra persona de mi familia vea un problema. Quizá yo me preocupe por algo que los demás contemplen de otra manera.

Que podamos hablarlo después sin enfadarnos y sin intentar convencer a nadie a la fuerza.

Y cuando termine la visita, Madre, acompáñanos también al salir.

Que no sintamos que tenemos que decidirlo todo en la acera, delante del portal.

Danos un poco de silencio.

Tiempo para recordar lo que hemos visto, volver a hacer números, preguntar aquello que haya quedado pendiente y pedir consejo si lo necesitamos.

Si esa vivienda no es adecuada para nosotros, danos libertad para dejarla atrás sin convertirla en otra derrota.

Y si merece la pena seguir valorándola, danos serenidad para continuar dando los pasos necesarios.

Madre, no te pido que pongas delante de nosotros una casa y nos digas: «Esta es».

Te pido que ruegues por nosotros ante Jesús para que sepamos caminar con prudencia, responsabilidad y confianza.

Que en cada visita hagamos bien nuestra parte y después sepamos poner nuestras preocupaciones en manos de Dios.

Y cuando volvamos a casa sin haber encontrado todavía nuestro hogar, acompáñanos también en el regreso.

Mañana, si hace falta, volveremos a buscar. Amén.

🌿 Cada visita es también una parte del camino

Esta oración pertenece a Camino hacia nuestro hogar, una colección para vivir de la mano de María los distintos momentos que aparecen durante la búsqueda de una vivienda.

Y las visitas son uno de esos momentos.

Algunas durarán apenas unos minutos. Otras nos harán pensar durante días. Habrá viviendas que descartaremos enseguida y quizá alguna que nos haga preguntarnos seriamente si hemos encontrado lo que buscábamos.

👉 Puedes continuar aquí este camino de oración:

🌿 Camino hacia nuestro hogar
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🌿 María, danos sabiduría para distinguir una buena oportunidad

Visitar una vivienda sin dejar que la ilusión decida por nosotros

Reconozco que las fotografías de un anuncio y la realidad no siempre se parecen demasiado.

A veces llegamos esperando mucho y salimos decepcionados.

Otras ocurre justo lo contrario.

Una vivienda que en las fotografías parecía normal puede transmitir una sensación diferente cuando estamos dentro.

Por eso intento recordar que una visita sirve precisamente para eso: para conocer mejor lo que estamos valorando.

No necesitamos enamorarnos de la casa.

Necesitamos verla.

Mirar más allá de una decoración bonita o de una habitación que nos haya gustado especialmente.

Preguntar.

Escuchar.

Comprobar.

Y tampoco hace falta convertir cada visita en un interrogatorio interminable.

Se trata simplemente de no permitir que nuestras ganas de terminar la búsqueda nos hagan olvidar aquello que necesitamos saber.

Hay una parte de la visita que comienza cuando salimos

Esto me parece importante.

Dentro de la vivienda hay muchas cosas reclamando nuestra atención.

La persona que nos la enseña habla. Nosotros preguntamos. Pasamos de una habitación a otra. Intentamos recordar detalles y, mientras tanto, nuestra cabeza ya está haciendo cuentas.

Por eso quizá no sea necesario decidir inmediatamente qué pensamos.

A veces lo mejor empieza al cerrar de nuevo la puerta del portal.

Dar una vuelta.

Hablar con calma.

Preguntarnos qué nos ha gustado y qué nos preocupa.

Revisar después las notas.

Incluso dormir una noche antes de sacar conclusiones, cuando sea posible.

He aprendido que visitar una vivienda no debería ser solamente entrar, mirar y decidir.

También puede ser escuchar lo que cada miembro de la familia ha visto y permitir que la primera emoción se asiente un poco.

No necesito encontrar una señal en cada detalle

También quiero cuidar algo en esta serie de oraciones.

Si antes de una visita he rezado a María y después la vivienda me encanta, eso no significa automáticamente que haya recibido una señal.

Si encuentro casualmente una estampa de la Virgen en una habitación, tampoco necesito interpretarla como una confirmación de que debo comprar esa casa.

Puedo recibir esos pequeños detalles con cariño sin convertirlos en respuestas que nadie me ha dado.

La fe no me obliga a dejar de utilizar la razón.

Al contrario.

Puedo pedir la intercesión de María y después comprobar el estado de las ventanas.

También puedo rezar un Avemaría antes de entrar y preguntar cuánto se paga de comunidad.

Y puedo confiar en Dios y volver a revisar nuestras posibilidades económicas.

Una cosa no está reñida con la otra.

María puede acompañarnos mientras hacemos responsablemente aquello que nos corresponde.

Antes de la próxima visita, reza un Avemaría

No hace falta convertir cada visita en un acontecimiento solemne.

Puede bastar algo muy pequeño.

Antes de entrar en el portal, mientras esperas a que te abran, reza despacio un Avemaría.

No pidas:

«Que esta sea nuestra casa».

Quizá podamos rezar de otra manera:

«María, acompáñanos. Ayúdanos a mirar con serenidad y ruega por nosotros para que sepamos hacer lo correcto.»

Después entra.

Mira la vivienda.

Pregunta.

Escucha.

Haz aquello que depende de ti.

Y cuando vuelvas a salir, puedes rezar otro Avemaría dando gracias simplemente por haber podido conocer una posibilidad más.

Desde Rosario Mundial te invitamos a rezar el Santo Rosario.
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Podemos entrar en cada vivienda acompañados por María y salir de ella poniendo de nuevo nuestro camino en manos de Dios.

Un gesto sencillo para la próxima visita

Lleva tres preguntas contigo

Antes de visitar la próxima vivienda, escribe en el móvil o en una pequeña libreta tres cosas que para tu familia sean realmente importantes comprobar.

Solo tres.

Las que tú necesites.

Cuando estés dentro y aparezcan la ilusión, las prisas o el cansancio, vuelve a ellas.

Y justo antes de llamar al telefonillo, di en silencio:

«María, entra con nosotros. Ayúdanos a mirar con claridad y a decidir después con paz.»

Quizá esa vivienda sea una posibilidad.

Quizá no.

Hoy solo tienes que conocerla.

También podemos rezar por quienes hoy van a visitar una casa

Mientras lees estas palabras, alguien estará esperando delante de un portal con una cita concertada.

Quizá sea la primera vivienda que visita.

Quizá lleve veinte.

Habrá quien vaya ilusionado y quien llegue pensando que probablemente volverá a casa decepcionado.

Podemos acordarnos también de ellos.

Si tienes próximamente una visita o quieres poner tu búsqueda en oración, puedes dejar tu intención en los comentarios o encender una vela en la Capilla de Rosario Mundial.

Rezaremos para que quienes buscan una vivienda puedan hacerlo con serenidad, prudencia y esperanza.

«María, acompáñanos al entrar, permanece con nosotros mientras miramos y camina a nuestro lado cuando volvamos a salir.»

Madre… si estas palabras pueden acompañar a alguien como Tú me acompañas a mí, lo dejo en tus manos.

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