Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.
Hay palabras que quizá hoy suenan un poco antiguas. Castidad puede ser una de ellas. Pero cuando pienso en ti, María, no pienso primero en prohibiciones. Pienso en una manera limpia de amar.
Sin utilizar a nadie. Sin convertir a las personas en objetos de nuestros deseos. Ni confundiendo el amor con la posesión.
Pienso en mirar al otro y reconocer que su vida tiene una dignidad que merece ser cuidada.
Y entonces esta invocación de las letanías deja de parecerme lejana: Madre castísima.
Porque también yo necesito aprender a amar mejor.
Una oración a María, Madre castísima
María... Madre castísima, hoy quiero poner mi corazón delante de ti. Tal como está. Con lo bueno que hay en él... y también con aquello que necesita cambiar.
Enséñame a amar de verdad. Mirar a cada persona con respeto. No buscar únicamente lo que me conviene. A no jugar con los sentimientos de nadie. A cuidar mis pensamientos, mis palabras y mis gestos.
Ayúdame a ser fiel. Fiel a Dios, a quienes amo y fiel también a las promesas que un día pronuncié.
Y cuando mi corazón se desordene, Madre, no permitas que me esconda de ti. Tómame de la mano. Llévame nuevamente hasta Jesús. Y enséñame a comenzar de nuevo.
María, Madre castísima... dame un corazón que sepa amar sin herir, cuidar sin poseer y entregarse sin buscar recompensa. Amén.
Y ahora, Madre, quiero quedarme un poco contigo rezando el Santo Rosario. No necesito tener grandes palabras. Solo tomar las cuentas entre mis manos y dejar que tú vuelvas a llevar mi corazón hacia Jesús.
LETANÍAS A LA VIRGEN MARÍA
Oración a María, Madre de Cristo
También necesito aprender a mirar
Muchas veces los problemas empiezan antes de nuestras acciones. Empiezan en la mirada. En cómo vemos a los demás. Lo que esperamos de ellos. En cómo dejamos que algunos pensamientos se queden demasiado tiempo dentro de nosotros.
Yo tampoco tengo siempre el corazón perfectamente ordenado. Por eso necesito pedir ayuda. Necesito aprender de María esa forma suya de querer sin apropiarse de nadie. Acompañar sin ocupar el lugar de Dios. Estar cerca sin dejar de ser libre.
Quizá ahí empiece también la castidad: en aprender a mirar al otro como alguien que merece ser amado y respetado.
Rezar el Rosario también educa el corazón
Cuando rezamos el Rosario contemplamos una historia de amor. El amor de Dios que entra en nuestra vida, de María que dice sí, o el amor de Jesús que se entrega hasta el final.
Y mientras repetimos cada Avemaría, podemos pedir algo muy sencillo: “Madre, enséñame a amar así.”
Desde Rosario Mundial te invitamos a rezarlo hoy, sin prisas y llevando contigo aquello que necesites poner en manos de María.
Ver los misterios del día
Cuenta a cuenta, María puede ayudarnos a poner orden donde el corazón se ha confundido y a volver a mirar a Jesús.
Un gesto sencillo para hoy
Cuida tu manera de mirar
Hoy no hace falta hacer nada extraordinario. Solo intenta mirar de otra manera. A tu pareja, tus hijos, tus compañeros incluso a la persona desconocida con la que te cruces.
Recuerda que delante de ti siempre hay alguien con una historia, unas heridas y una dignidad que quizá desconoces.
Y cuando notes que tu mirada no es limpia, no te castigues ni te quedes dando vueltas sobre ello.
Simplemente vuelve a María y di: “Madre castísima, enséñame a mirar como mira Jesús.”
Madre, cuida también nuestras relaciones
Hoy quiero terminar poniendo bajo tu manto nuestras familias. Los matrimonios y noviazgos. Los que viven momentos de dificultad. A los que están intentando reconstruir una relación. O los que sienten soledad. Y quienes necesitan aprender nuevamente a confiar.
Madre, entra también ahí. Sin ruido. Como tú sabes hacerlo.
Si quieres dejar ante María una persona o una situación concreta, puedes hacerlo también encendiendo una vela en la Capilla de Rosario Mundial.
No hace falta explicar demasiado. A veces basta un nombre. María sabe lo demás.
«Madre, que nunca confunda amar con poseer, ni querer con utilizar. Enséñame a querer con un corazón limpio.»
María, Madre castísima... enséñame a amar mejor, a cuidar mejor y a llevar siempre mis afectos hasta Jesús. Madre, lo dejo en tus manos.
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