🌷🌷🌷 "Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos. Amén."
María, Madre, en tus manos pongo toda mi vida
Hay momentos en la vida en los que el alma comprende que ya no quiere ir sola. No porque falte fuerza, sino porque ha aprendido que el camino se vuelve más verdadero cuando se confía. La entrega total a la Virgen María no nace de la huida ni de la debilidad, sino de una decisión madura: dejar de sostenerlo todo por uno mismo y permitir que una Madre cuide, ordene y conduzca.
Hoy elevamos este Acto de entrega total a la Virgen María, no como una fórmula, sino como un gesto interior profundo, consciente y libre.
Acto de entrega total a la Virgen María
Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, hoy vengo a ti sin reservas. No traigo sólo una parte de mi vida, ni lo que me resulta más fácil entregar. Hoy vengo con todo lo que soy, con lo que entiendo y con lo que no, con lo que amo y con lo que me cuesta. Realizo ante ti este acto de entrega total, confiando plenamente en tu amor maternal.
María, pongo en tus manos mi pasado, con todo lo vivido: mis aciertos, mis errores, mis heridas, mis decisiones buenas y aquellas que no supe tomar bien. No quiero seguir cargando con lo que ya pasó. Te lo entrego para que lo sanes, lo purifiques y lo integres en un camino de gracia. Que nada de mi historia quede fuera de tu cuidado.
Te entrego también mi presente: lo que hoy soy, lo que hoy tengo, lo que hoy me preocupa, lo que hoy me sostiene. Te entrego mis responsabilidades, mis relaciones, mi trabajo, mis silencios, mis luchas interiores. Tómalo todo, Madre. Ordénalo todo. Que nada se mueva fuera de la voluntad de Dios.
Virgen María, a ti confío mi futuro, incluso aquello que desconozco y que a veces me inquieta. Te entrego mis proyectos, mis sueños, mis miedos, mis expectativas y mis preguntas. Renuncio a la necesidad de controlarlo todo. Quiero aprender a caminar confiado, sabiendo que bajo tu mirada nada esencial se pierde.
Madre, te entrego mi corazón tal como es: frágil, cambiante, a veces cansado, a veces esperanzado. Te entrego mis afectos, mis deseos, mis apegos, mis resistencias. Límpiame de todo lo que no me deja amar bien. Haz mi corazón más libre, más sencillo, más disponible para Dios.
Realizo este acto de entrega total sin condiciones, sin plazos, sin exigencias. No te entrego mi vida para que todo sea fácil, sino para que todo sea verdadero. No te pido ausencia de cruz, sino fidelidad en el camino. Enséñame a decir “sí” como tú, incluso cuando no entienda del todo.
Virgen María, pongo bajo tu manto mi fe, para que la cuides cuando sea débil; mi esperanza, para que no se apague en la espera; y mi caridad, para que no se enfríe ante las dificultades. Que cada día de mi vida sea vivido contigo, guiado por ti y ofrecido a Dios.
Te entrego, Madre, mi libertad. No para perderla, sino para que sea verdaderamente libre. Ayúdame a elegir siempre el bien, a discernir con sabiduría, a renunciar a lo que me aparta de Dios. Que mi libertad, unida a la tuya, sea instrumento de amor y no de egoísmo.
Virgen María, acepta este acto de entrega total que hoy realizo. No lo hago por emoción pasajera, sino por convicción profunda. Quédate conmigo. Camina delante de mí. Y llévame siempre hacia tu Hijo, Jesús, que es el centro y el sentido de todo. Amén.
TE PUEDE INTERESAR
Reflexión: entregarse no es perderse, es confiar
La entrega total a María no nos quita identidad, la ordena. No nos anula, nos libera. Cuando entregamos la vida a una Madre, no dejamos de ser responsables; aprendemos a serlo con más paz. María no sustituye nuestras decisiones, pero las ilumina.
Ella no toma el control como quien impone, sino como quien acompaña. Y en ese acompañamiento, muchas cargas dejan de pesar.
María, escuela de confianza plena
La vida de María fue una entrega continua: en la Anunciación, en Nazaret, en Belén, en la huida, en la Cruz. Nunca lo tuvo todo claro, pero nunca retiró su confianza. En ella aprendemos que la entrega no depende de la seguridad, sino del amor.
La Palabra de Dios y el camino de la entrega
“Hágase en mí según tu palabra” no fue una frase puntual, fue una actitud permanente. María vivió entregada a Dios día tras día. Su ejemplo nos recuerda que la entrega no se hace una vez, sino que se renueva constantemente.
Por eso este acto no termina aquí: se prolonga en cada decisión cotidiana.
🌷🌷🌷 "María, luz del mundo, ilumina nuestra fe. Amén."
Reza el Rosario como gesto de entrega
El Rosario es una oración de abandono confiado. Cada Avemaría es un paso más en el camino de la entrega total. Rezar el Rosario es decirle a María: “Aquí estoy otra vez, con todo lo que soy”.
- Misterios gozosos – Lunes
- Misterios dolorosos – Martes
- Misterios gloriosos – Miércoles
- Misterios luminosos – Jueves
- Misterios dolorosos – Viernes
- Misterios gozosos – Sábado
- Misterios gloriosos – Domingo
Gestos sencillos para vivir la entrega cada día
Pequeñas prácticas que sostienen la consagración
- Ofrecer el día al despertar con una breve oración mariana.
- Repetir en momentos difíciles: “María, confío en ti”.
- Pedir luz antes de decidir, aunque sea en silencio.
- Terminar el día agradeciendo lo vivido, incluso lo que costó.
Renueva hoy tu entrega a María
Si este Acto de entrega total a la Virgen María ha resonado en tu corazón:
- Reza nuevamente la oración con calma y conciencia.
- Entrega a María aquello que más te cuesta soltar.
- Comparte esta entrada con alguien que necesite aprender a confiar.
Deja un comentario, o una intención que quieras poner bajo el manto inmaculado de la Virgen María y enciende una vela en la "Capilla de este blog".
"Cuando la vida se entrega en manos de María, el corazón aprende a descansar en Dios."