Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.
Después de tanto tiempo buscando, puede llegar un momento en el que aparece una vivienda que nos hace detenernos.
Esta vez no la descartamos a los pocos segundos.
El precio podría encajar. La zona nos sirve. Tiene buena parte de lo que necesitamos y, por primera vez en mucho tiempo, empezamos a pensar seriamente:
«¿Y si fuera esta?»
Y precisamente entonces aparece otra dificultad.
Ya no se trata solamente de encontrar una vivienda. Hay que decidir si esa vivienda es realmente adecuada para nuestra familia.
Hoy quiero pedirle a María algo muy concreto: prudencia para no decidir únicamente desde la ilusión, pero tampoco desde el miedo.
Madre, ayúdanos a mirar esta vivienda con serenidad
María, después de tantas búsquedas, sabes cuánto deseo encontrar nuestro hogar.
Por eso, cuando aparece una vivienda que parece encajar, me cuesta no hacerme ilusiones enseguida.
Empiezo a imaginar nuestra vida allí. Pienso dónde pondríamos nuestras cosas, cómo organizaríamos las habitaciones, qué sentiríamos al cerrar la puerta sabiendo que por fin estamos en casa.
Y todo eso es bonito, Madre.
Pero ahora necesito mirar también aquello que quizá no quiero ver.
Danos prudencia para elegir la casa adecuada.
Ayúdanos a mirar más allá de una primera impresión.
Que sepamos preguntar lo que tengamos que preguntar, revisar lo que necesitemos revisar y hacer las cuentas con sinceridad.
Si existe algún problema importante, que las ganas de terminar esta búsqueda no nos hagan quitarle importancia.
Económicamente supone más de lo que podemos asumir, danos serenidad para reconocerlo.
Necesitamos pedir consejo, que no nos dé vergüenza hacerlo.
Y si la vivienda es una posibilidad razonable, ayúdanos también a no descartarla únicamente porque tenemos miedo de equivocarnos.
Madre, no quiero pedirte una señal para que decidas por nosotros.
Esta decisión nos corresponde y quiero asumirla responsablemente.
Pero sí te pido que ruegues por nosotros.
Presenta ante Jesús nuestras dudas y pídele que nos conceda claridad, prudencia y paz.
Que podamos hablar en familia sin imponernos unos a otros nuestros temores o nuestras ilusiones.
Que sepamos escucharnos.
Y que una casa bonita no nos haga olvidar nuestras posibilidades reales o que una pequeña imperfección tampoco nos impida reconocer una buena opción.
Ayúdame especialmente a no decidir por cansancio.
Después de tantas puertas cerradas sería fácil pensar: «Esta tiene que ser».
Pero no quiero elegir una vivienda simplemente porque estoy agotado de buscar.
Quiero elegir con los pies en la tierra y el corazón en paz.
Y si después de mirar, preguntar, calcular y rezar comprendemos que debemos decir que no, danos libertad para hacerlo y seguir caminando.
Si podemos decir que sí, danos también serenidad para dar el paso sin pretender tener absolutamente todo bajo control.
María, Madre del Buen Consejo, acompáñanos en esta decisión.
Ruega por nosotros y llévanos siempre hasta Jesús. Amén.
🌿 Ahora el camino nos pide discernir
Esta oración forma parte de Camino hacia nuestro hogar, una colección para acompañar de la mano de María las distintas etapas que pueden aparecer mientras buscamos una vivienda.
Después del cansancio, las esperas y las puertas cerradas, entramos en otro momento importante del camino: aprender a decidir.
Porque encontrar una posibilidad no significa que tengamos que aceptarla. Y tener dudas tampoco significa necesariamente que debamos descartarla.
👉 Puedes continuar aquí todo el camino de oración:
🌿 Camino hacia nuestro hogar
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🌿 María, cuando siento que nunca llegará nuestro hogar
Elegir la casa adecuada es algo más que enamorarse de ella
Reconozco que cuando veo una vivienda que me gusta empiezo a hacer planes demasiado rápido.
Una fotografía bonita ayuda bastante.
Una cocina que parece estar bien, las habitaciones luminosas, es una zona que conocemos… y enseguida la cabeza empieza a colocar muebles.
Pero luego llegan las preguntas menos bonitas.
¿Podemos pagarla realmente?
¿Qué gastos tendrá?
¿Necesita reformas?
¿Hay algo que deberíamos comprobar antes?
¿La ubicación funciona de verdad para nuestra vida cotidiana?
¿Estamos valorando la vivienda que existe o la vivienda que nosotros ya hemos empezado a imaginar?
Creo que elegir la casa adecuada exige poder hacerse esas preguntas sin sentir que estamos estropeando la ilusión.
La prudencia no está en contra de la esperanza.
Al contrario.
Nos ayuda a cuidar aquello que esperamos construir.
También he aprendido que la prudencia funciona en los dos sentidos.
Puede impedirnos aceptar una vivienda que supondría una carga demasiado grande, pero también puede ayudarnos a no perseguir una casa perfecta que quizá no existe.
Hay defectos importantes.
Y hay cosas que simplemente no son exactamente como habíamos imaginado.
Distinguir unas de otras requiere tiempo, conversación y mucha serenidad.
No quiero buscar señales donde necesito tomar una decisión
Cuando una decisión me preocupa, sería muy cómodo recibir una respuesta inequívoca.
Algo que dijera:
«Sí, esta es.»
O:
«No, sigue buscando.»
Pero no quiero convertir la oración en eso.
No necesito interpretar cualquier coincidencia como una señal de María ni pensar que, si he rezado y después apareció una vivienda, necesariamente Dios quiere que la compre.
La oración puede acompañar una decisión sin sustituirla.
Podemos rezar y después revisar documentos.
Podemos pedir la intercesión de María y consultar a alguien que entienda más que nosotros.
Logramos confiar en Dios y, al mismo tiempo, preguntar por una derrama, comprobar el estado de una vivienda o volver a hacer las cuentas.
Para mí, eso también es vivir la búsqueda desde la fe.
No dejar de pensar porque rezo, sino intentar pensar con más paz.
Antes de decidir, quiero rezar el Rosario
Si tenemos delante una vivienda que estamos considerando seriamente, quizá podamos hacer algo antes de responder.
No decidir inmediatamente.
Tomarnos un poco de tiempo y rezar.
Durante el Rosario no necesitamos estar analizando continuamente la casa.
Podemos simplemente poner la decisión ante Dios y pedir por intercesión de María un corazón sereno.
Y después volver a hablar.
Tal vez sigamos teniendo dudas.
Pero al menos intentaremos que la prisa, el cansancio o el miedo a perder la oportunidad no sean los únicos que hablen.
Ver los misterios del día
Rezar antes de decidir no nos garantiza acertar en todo. Nos ayuda a poner también nuestras decisiones delante de Dios y a afrontarlas con mayor serenidad.
Un gesto sencillo para hoy
Tres columnas antes de decir «sí» o «no»
Si tienes una vivienda concreta delante, toma una hoja y escribe tres columnas:
Lo que sabemos.
Que necesitamos comprobar.
Y que simplemente nos da miedo.
No mezcles las tres cosas.
Quizá descubras que algunas preocupaciones necesitan una respuesta concreta y otras solamente tiempo para serenarse.
Cuando termines, coloca el rosario junto a la hoja y di:
«María, danos prudencia para elegir la casa adecuada y ayúdanos a decidir sin precipitarnos ni dejarnos dominar por el miedo.»
Después haz lo que corresponda: preguntar, comprobar, esperar o hablarlo en familia.
Rezamos por quienes hoy tienen que decidir
Hay personas que ahora mismo están delante de una decisión parecida.
Una oferta que presentar. Una hipoteca que valorar. Un contrato que revisar. Una vivienda que aceptar o dejar pasar.
Algunas tendrán tiempo para pensarlo y otras sentirán la presión de tener que responder demasiado rápido.
Podemos rezar también por ellas.
Si tú estás viviendo una decisión así, puedes dejar tu intención en los comentarios o encender una vela en la Capilla de Rosario Mundial.
No hace falta pedir que una vivienda concreta «sea para nosotros».
Podemos pedir algo quizá más importante:
«María, ruega por nosotros para que sepamos decidir con prudencia, libertad y paz, poniendo nuestra confianza en Dios.»
Madre… si estas palabras pueden acompañar a alguien como Tú me acompañas a mí, lo dejo en tus manos.
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