🌷🌷🌷 "Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos. Amén."
María, enséñame la ternura que sostiene a Jesús
Hay días en los que siento que el mundo se me vuelve áspero. No por grandes dramas, sino por el roce constante: prisas, tensiones, cansancio, palabras que salen duras sin querer. Y entonces me acuerdo de ti, María. De esa imagen sencilla que me desarma: tú, sosteniendo a Jesús, siendo la ternura que envuelve al Niño. Me pregunto cómo lo hacías. Cómo tu corazón podía ser tan firme y, a la vez, tan suave. Y hoy vengo a pedírtelo: enséñame esa ternura.
Oración a la Virgen María por ser la ternura que envuelve al Niño
Virgen María, hoy me acerco a ti con una petición que parece pequeña, pero que para mí lo cambia todo: enséñame tu ternura. No una ternura de palabras bonitas, sino la ternura real con la que tú envolvías a Jesús. Tú fuiste la ternura que envuelve al Niño, su refugio, su descanso, su paz. Y yo hoy necesito aprender ese modo tuyo de amar.
Madre, cuando te imagino con Jesús en brazos, algo se calma dentro de mí. No sé explicarlo del todo. Es como si esa escena me recordara que el amor verdadero no grita, no aprieta, no exige. Sostiene. Acompaña. Protege. Por eso hoy te pido: envuelve también mi corazón, porque a veces se me endurece sin darme cuenta.
María, hay días en los que me falta paciencia. Me descubro respondiendo con prisa, pensando en mil cosas, mirando pero sin ver, escuchando pero sin estar. Y después me pesa. Porque yo no quiero vivir así. Por eso vengo a ti, ternura que envuelve, para pedirte que me enseñes a tratar a los demás como tú tratabas a Jesús: con presencia, con respeto, con cuidado.
Virgen Santa, toma mis asperezas: mi irritación fácil, mis juicios rápidos, mi necesidad de control. A veces me vuelvo duro por cansancio, por miedo o por defensa. Pero no quiero que mi vida sea un lugar donde la gente se sienta tensa. Quiero que, conmigo, los que están cerca respiren un poco más tranquilos. Enséñame tu ternura, Madre. Enséñame a envolver sin ahogar, a corregir sin herir, a decir la verdad sin perder el amor.
María, tú conoces también mi niño interior: esa parte frágil que a veces se asusta, se siente sola, se bloquea. Te pido que la envuelvas tú. Que tu mirada la calme. Tu presencia la cure. Y no me avergüence de ser vulnerable, porque tú cuidaste la vulnerabilidad misma de Dios hecho Niño. Tú sabes que la fragilidad no es un defecto: es una puerta para amar mejor.
Virgen María, ternura que envuelve al Niño, envuelve también mi hogar. Envuelve mis palabras, las reacciones que tengo, los silencios. Cúbrelas para que mis relaciones para que no se enfríen. Arropa mis días para que no se vuelvan mecánicos. Envuelve mis heridas para que no se conviertan en dureza. Y envuelve mis cansancios para que no se transformen en amargura.
Madre, dame una ternura valiente: esa que abraza sin miedo, esa que perdona sin humillar, esa que sostiene sin reprochar. Dame tu forma de mirar: una mirada que no etiqueta, que no aplasta, que no reduce al otro a su error. Una mirada que levanta.
Y cuando me cueste —porque sé que me va a costar— recuérdame la escena de Belén, la sencillez de Nazaret, el silencio lleno de amor con el que tú envolvías a Jesús. Que yo pueda volver ahí, aunque sea un instante, y aprender de nuevo.
Virgen María, gracias por ser la ternura que envuelve al Niño. Hoy te lo pido con todo el corazón: hazme más tierno. Hazme más humano. Hazme más parecido a Jesús. Amén.
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Reflexión: la ternura no es debilidad, es fuerza limpia
A veces pensamos que ser tierno es ser blando. Pero la ternura de María no fue blanda: fue firme, silenciosa, fuerte. Ella sostuvo a Jesús cuando era pequeño. Y lo sostuvo también cuando fue grande y el dolor lo atravesó todo. La ternura no es fragilidad: es una fuerza que no necesita imponerse.
Cuando pedimos a María su ternura, pedimos una manera distinta de vivir: menos defensiva, menos reactiva, más presente. Pedimos convertir lo cotidiano en un lugar donde el amor se note, no por grandes discursos, sino por el modo de estar.
Un corazón tierno cambia el ambiente
También un corazón tierno desactiva tensiones, renuncia a competir por tener razón todo el tiempo y sabe pedir perdón. Y, poco a poco, esa ternura se vuelve contagiosa. María lo vivió primero: su casa fue un refugio porque ella fue refugio.
🌷🌷🌷 "Virgen de la entrega, enséñanos a donarnos. Amén."
La Palabra de Dios y el misterio del Niño
Dios quiso venir como Niño. Eso ya dice mucho. Quiso necesitar brazos. Necesitar cuidado. Entrar en el mundo por la puerta de la ternura. Y María fue esa puerta: la ternura que envuelve el misterio.
Cuando contemplamos a Jesús Niño, entendemos que Dios no se impone: se entrega. Y cuando contemplamos a María, entendemos cómo se recibe a Dios: con cuidado, con silencio, con amor.
Reza el Rosario con el corazón tierno de María
El Rosario suaviza el alma. A veces uno empieza con el corazón duro y, misterio a misterio, algo se va ablandando por dentro. Rezar el Rosario pidiendo la gracia de la ternura es una manera concreta de aprender de María.
Desde este blog puedes rezar el Rosario a cualquier hora del día, uniéndote espiritualmente a una cadena de oración extendida por el mundo entero:
- Misterios gozosos – Lunes
- Misterios dolorosos – Martes
- Misterios gloriosos – Miércoles
- Misterios luminosos – Jueves
- Misterios dolorosos – Viernes
- Misterios gozosos – Sábado
- Misterios gloriosos – Domingo
Gestos sencillos para vivir la ternura en lo diario
Pequeñas decisiones que cambian el día
- Hablar más despacio cuando notes tensión.
- Mirar a los ojos y escuchar sin interrumpir.
- Elegir una palabra suave cuando podrías responder con dureza.
- Pedir perdón rápido cuando te equivocas.
- Repetir por dentro: “María, enséñame tu ternura”.
Pide hoy la ternura de María
Si esta Oración a la Virgen María, ternura que envuelve al Niño te ha tocado, te invito a hacer algo muy concreto:
- Reza la oración otra vez, despacio, como si se la dijeras a ella mirándola a los ojos.
- Elige un gesto de ternura hoy (uno solo) con alguien cercano.
- Comparte esta entrada con quien necesite recuperar suavidad en el corazón.
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María no cambia el mundo a gritos. Lo envuelve. Y así lo salva.