Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.
Oración de Fátima: «Oh Jesús mío»
Una breve jaculatoria dirigida a Jesucristo que nos invita a pedir perdón, misericordia y salvación no solamente para nosotros, sino también para todas las almas.
Cuando terminamos una decena del Santo Rosario, después del Gloria, muchos fieles rezamos unas palabras que comienzan así: «Oh Jesús mío...».
Son pocas palabras, pero contienen una oración muy profunda: reconocemos nuestra necesidad de perdón, pedimos ser librados del mal y abrimos nuestra oración a la salvación de los demás.
El Rosario deja así de mirar solamente nuestras propias necesidades. El corazón aprende a interceder también por quienes más necesitan la misericordia de Dios.
Texto de la Oración de Fátima
Oh Jesús mío,
perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno,
lleva al cielo a todas las almas,
especialmente a las más necesitadas
de tu misericordia.
Amén.
Puede encontrarse con pequeñas variaciones de traducción. Lo fundamental permanece: pedir a Jesús perdón, salvación y misericordia para todos.
¿De dónde procede esta oración?
La Oración de Fátima está vinculada a las apariciones de Nuestra Señora a los tres pastorcitos —Lucía, Francisco y Jacinta— en la Cova da Iria, Portugal.
En la aparición del 13 de julio de 1917, según el testimonio transmitido por sor Lucía, Nuestra Señora pidió que, al rezar el Rosario, se dijera esta jaculatoria después de cada misterio.
Desde entonces se ha difundido por todo el mundo y numerosos fieles la incorporan habitualmente después del Gloria de cada decena.
¿Cuándo se reza en el Santo Rosario?
Habitualmente se reza después del Gloria, al terminar cada una de las cinco decenas:
Padre Nuestro
↓
10 Ave Marías
↓
Gloria al Padre
↓
Oh Jesús mío...
No es una oración necesaria para que el Rosario sea válido como devoción. Es una jaculatoria muy extendida que puede añadirse después de cada misterio.
¿Qué estamos pidiendo cuando la rezamos?
«Oh Jesús mío»
La oración comienza directamente con Jesús. Después de contemplar uno de los misterios de su vida, nos dirigimos a Él con confianza y sencillez.
«Perdona nuestros pecados»
Reconocemos humildemente que necesitamos la misericordia de Dios. No señalamos primero los pecados de los demás: comenzamos diciendo «nuestros».
«Líbranos del fuego del infierno»
Pedimos a Jesucristo que nos preserve de la separación definitiva de Dios. No son palabras para alimentar el miedo, sino una súplica de salvación pronunciada desde la confianza en su misericordia.
«Lleva al cielo a todas las almas»
Aquí nuestra oración se ensancha. Ya no rezamos solamente por nosotros o por nuestra familia. Deseamos la salvación de todos y ponemos a toda la humanidad delante de Jesús.
«Especialmente a las más necesitadas de tu misericordia»
Terminamos pensando precisamente en quienes más necesitan misericordia: quien está lejos de Dios, quien vive herido, quien ha perdido la esperanza, quien no sabe rezar o quien quizá nadie recuerda en su oración.
Una oración que ensancha el corazón
Hay algo especialmente hermoso en esta jaculatoria: comienza hablando de nuestros pecados y termina rezando por todas las almas.
Es decir, nos lleva desde la conversión personal hasta la intercesión por los demás.
Rezándola con atención podemos aprender algo esencial: acercarse a la misericordia de Dios no debería encerrarnos en nosotros mismos, sino hacernos más misericordiosos con los demás.
Fátima, el Rosario y la conversión
La Oración de Fátima no puede comprenderse aislada del mensaje del que forma parte. El llamado de Fátima conduce repetidamente hacia la oración, la conversión, la penitencia y la reparación.
Por eso esta pequeña jaculatoria encaja tan profundamente en el Rosario: después de contemplar a Jesucristo con María, pedimos que aquello que hemos contemplado transforme también nuestra vida.
Cómo rezarla con el corazón
- No tengas prisa al decir «Oh Jesús mío». Acabas de contemplar un misterio de su vida. Dirígete realmente a Él.
- Reconoce tu propia necesidad de misericordia. Al decir «perdona nuestros pecados», puedes entregar interiormente aquello que necesitas corregir en tu vida.
- Piensa en alguien al decir «las más necesitadas». Tal vez una persona alejada de Dios, alguien que esté sufriendo o incluso alguien con quien tengas dificultades.
- No conviertas la frase en una fórmula de miedo. Rézala mirando a Jesucristo y confiando en su misericordia.
Cuando la palabra «infierno» te produce miedo
Puede ocurrir que esta parte de la oración resulte difícil, especialmente si has conocido una forma de vivir la fe basada principalmente en el temor.
No hace falta ocultar las palabras ni quitarles su seriedad. Pero tampoco debemos olvidar a quién estamos hablando: a Jesucristo, que vino para salvar.
Por eso podemos pronunciar esta oración no desde la desesperación, sino desde una confianza humilde:
Jesús, confío en tu misericordia. No permitas que me aparte de Ti.
Una pequeña oración después de cada misterio
Jesús, recibe este misterio que acabo de contemplar.
Perdona aquello que en mí todavía necesita convertirse.
Guarda a mi familia, a quienes amo y también a quienes me cuesta amar.
Acuérdate de quienes hoy están más lejos, más solos o más necesitados de tu misericordia.
Y que María me enseñe a permanecer cerca de Ti.
Amén.
Reza ahora el Santo Rosario
Puedes rezar ahora los misterios del día. Al terminar cada decena, después del Gloria, deja unos segundos para rezar el «Oh Jesús mío» pensando también en quienes más necesitan misericordia.
Preguntas frecuentes sobre la Oración de Fátima
¿Qué es la Oración de Fátima?
Es la jaculatoria que comienza «Oh Jesús mío» y que muchos fieles rezan después del Gloria al finalizar cada misterio del Rosario.
¿Cuándo fue enseñada la Oración de Fátima?
Está vinculada a la aparición de Nuestra Señora en Fátima del 13 de julio de 1917, según el testimonio transmitido por sor Lucía.
¿Cuándo se reza durante el Rosario?
Habitualmente se añade después del Gloria, al terminar cada una de las cinco decenas.
¿Es obligatorio rezar el «Oh Jesús mío»?
No. El Rosario puede rezarse sin esta jaculatoria. Es una oración devocional muy extendida que muchos fieles incorporan voluntariamente.
¿Por qué existen versiones ligeramente diferentes?
La oración se ha traducido a numerosos idiomas y existen pequeñas variantes en algunas expresiones. Todas conservan esencialmente la petición de perdón, salvación y misericordia.
Madre… si estas palabras pueden acompañar a alguien como Tú me acompañas a mí, lo dejo en tus manos.