Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.
Hay preocupaciones que, cuando duran demasiado, empiezan a cambiar nuestra manera de hablarnos.
No hace falta una gran discusión.
A veces basta una respuesta más seca, un silencio después de mirar otro anuncio o ese momento en el que uno quiere seguir hablando y el otro ya no puede más.
Buscar una vivienda juntos también significa tomar muchas decisiones juntos.
Y no siempre pensamos igual.
Uno ve una oportunidad donde otro ve un riesgo. Uno está dispuesto a ceder en algunas cosas y otro considera que son importantes. Uno quiere seguir buscando y otro empieza a estar agotado.
Hoy no quiero pedir que todos pensemos lo mismo.
Quiero pedir algo mucho más importante: que esta búsqueda no nos separe.
María, ayúdanos a permanecer unidos
Madre mía, hoy quiero poner delante de Ti a mi familia.
No solamente nuestra necesidad de encontrar una vivienda.
A nosotros. Las personas que estamos haciendo juntos este camino.
Tú sabes que queremos lo mismo: encontrar un lugar donde podamos vivir con tranquilidad y sentirlo verdaderamente como nuestro hogar.
Pero también sabes que no siempre vemos las cosas de la misma manera.
A veces uno se ilusiona y otro encuentra enseguida los problemas.
Otras veces uno piensa que deberíamos esperar y otro teme que estemos dejando pasar una oportunidad.
Muchas veces hablamos de dinero y aparecen preocupaciones que cada uno lleva por dentro de una forma distinta.
Y cuando estamos cansados, Madre, nos cuesta más escucharnos.
Por eso hoy te pido: ayúdanos a permanecer unidos.
No permitas que una vivienda se convierta en motivo para enfrentarnos.
Cuando tengamos opiniones diferentes, ayúdanos a hablar sin herirnos.
Si alguno dice que no a una casa que al otro le gusta, danos paciencia para intentar comprender sus razones.
Incluso cuando tengamos que volver a hacer cuentas, que el miedo no hable más fuerte que nosotros.
Y cuando estemos agotados, ayúdanos a reconocerlo antes de descargar ese cansancio sobre quien tenemos al lado.
Madre, enséñanos también a pedir perdón.
Porque seguramente habrá días en los que no lo hagamos bien.
Habrá palabras que sobren.
Momentos en los que queramos tener razón en lugar de intentar comprendernos.
Silencios que quizá duren demasiado.
Cuando eso ocurra, danos humildad para volver a acercarnos.
Que sepamos decir: «Perdona, estoy preocupado», «Cuéntame qué te da miedo», «No pasa nada si hoy dejamos este tema y descansamos».
María, ayúdanos a recordar por qué estamos buscando.
No queremos una casa para tener algo que enseñar.
Queremos un lugar donde vivir nuestra vida juntos.
Un lugar donde podamos sentarnos a la mesa, descansar después de un día difícil, celebrar las cosas buenas y acompañarnos cuando lleguen las malas.
Sería triste encontrar la casa y habernos desgastado por el camino.
Por eso cuida primero lo que somos.
Ruega por nuestro matrimonio, por nuestros hijos, por nuestras conversaciones y por todo aquello que esta preocupación pueda estar removiendo dentro de nosotros.
Presenta nuestra familia ante Jesús.
Que Él nos enseñe a querernos con paciencia, a escucharnos de verdad y a poner siempre a las personas por encima de las cosas.
Y si todavía queda mucho camino por recorrer, que lo recorramos juntos.
Sin tirar unos de otros.
No dejando a nadie atrás.
Sin olvidar que antes de encontrar una casa ya tenemos algo que merece ser cuidado: nos tenemos unos a otros.
María, ayúdanos a permanecer unidos. Amén.
🌿 Una casa importa, pero nosotros importamos más
Esta oración forma parte de Camino hacia nuestro hogar, nuestra colección de oraciones para acompañar la búsqueda de una vivienda de la mano de María.
En este tramo del camino estamos mirando especialmente a la familia.
Porque podemos dedicar mucho tiempo a pensar cómo debería ser nuestra futura casa y olvidar una pregunta todavía más importante: ¿Cómo queremos llegar nosotros hasta ella?
👇🏾 Puedes encontrar aquí todas las oraciones de la colección:
🌿 Camino hacia nuestro hogar
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🌿 María, cuida nuestro hogar mientras todavía no lo conocemos
Cuando cada uno lleva la preocupación de una manera diferente
He descubierto que dos personas pueden estar preocupadas exactamente por lo mismo y demostrarlo de maneras completamente distintas.
Una necesita hablar.
Otra se queda callada.
Una mira anuncios constantemente porque siente que así está haciendo algo.
Otra necesita desconectar porque ya no soporta mirar una vivienda más.
Una quiere tener todo calculado antes de dar un paso.
Otra piensa que, si esperamos demasiado, nunca nos decidiremos.
Y entonces es fácil interpretar mal al otro.
Podemos pensar que no le importa tanto como a nosotros, que está siendo demasiado negativo o que no entiende la urgencia de la situación.
Pero quizá simplemente está llevando la misma preocupación de otra manera.
Recordarlo puede cambiar mucho una conversación.
Prefiero perder una oportunidad antes que perder nuestra manera de querernos
Durante una búsqueda pueden aparecer decisiones que parecen enormes.
«Hay que decidir pronto.»
«Puede venir otro comprador.»
«A este precio no encontraremos otra.»
«Si esperamos, quizá la perdamos.»
Y algunas veces habrá que decidir con rapidez.
Pero ninguna urgencia debería hacernos olvidar algo elemental. La persona que tengo delante no es un obstáculo entre una vivienda y yo. Es alguien con quien quiero compartir ese hogar. Por eso necesito escuchar también sus dudas.
No siempre será posible que todos estemos completamente seguros. Pero sí podemos intentar que nadie sienta que su miedo, su opinión o sus necesidades han sido ignorados.
Porque el objetivo no consiste solamente en llegar a una firma. Queremos llegar juntos.
Hay palabras que también construyen un hogar
Todavía no sabemos cómo serán las paredes de nuestra futura casa.
Pero ya podemos empezar a construir algunas cosas.
Podemos construir paciencia. Construir escucha y confianza.
Debemos aprender a decir «entiendo lo que te preocupa» antes de responder.
Reconocer cuando hemos hablado desde el cansancio. O podemos pedir perdón.
Y podemos recordar que estar unidos no significa estar siempre de acuerdo.
A veces significa precisamente lo contrario: seguir queriéndonos cuando no estamos de acuerdo.
Hoy quiero rezar el Rosario por nosotros
Quizá hoy podamos dejar por un momento la petición concreta de encontrar vivienda. No porque haya dejado de importarnos. Sino porque hay algo que merece nuestra oración antes incluso de encontrarla.
Nuestra familia.
Al comenzar el Rosario podemos poner ante Jesús, por medio de María, los nombres de quienes están recorriendo con nosotros esta búsqueda.
Podemos pedir especialmente por aquella persona con la que últimamente nos está costando más entendernos.
Y también podemos pedir la humildad necesaria para reconocer nuestra propia parte cuando aparecen las tensiones.
Ver los misterios del día
Hoy rezamos para que la búsqueda de un hogar no nos haga olvidar a quienes queremos encontrar dentro de él.
Un gesto sencillo para hoy
Pregunta antes de volver a hablar de viviendas
Hoy, antes de enseñar un anuncio nuevo o volver a sacar el tema de la búsqueda, prueba a hacer algo diferente.
Pregunta a la persona que está recorriendo contigo este camino: «¿Cómo estás llevando todo esto?»
Y después intenta escuchar. Sin responder enseguida. Ni corregir. Y sin buscar una solución.
Quizá descubras una preocupación que no conocías.
Después, cuando tengas un momento tranquilo, reza un Avemaría por esa persona.
No por la vivienda.
Por ella.
En la Capilla también podemos rezar por nuestras familias
Quizá tú también estés viviendo una búsqueda que empieza a hacerse larga.
Tal vez haya cansancio en casa o simplemente necesitéis recuperar un poco de serenidad.
Puedes dejar tu intención en los comentarios o encender una vela en la Capilla de Rosario Mundial.
Podemos rezar no solamente por quienes necesitan encontrar una vivienda, sino también por los matrimonios y las familias que intentan mantenerse unidos mientras la buscan.
Porque detrás de cada anuncio, cada visita y cada decisión hay personas.
Y esas personas son mucho más importantes que cualquier casa.
«María, cuando el cansancio nos haga olvidar que caminamos juntos, vuelve a acercarnos.»
Madre… si estas palabras pueden acompañar a alguien como Tú me acompañas a mí, lo dejo en tus manos.
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