Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.
Buscar una vivienda parece, desde fuera, algo bastante sencillo.
Mirar anuncios. Hacer cuentas. Llamar. Visitar. Comparar. Decidir.
Pero cuando la búsqueda se alarga, termina entrando en casa con nosotros.
Aparece durante la comida, en una conversación antes de dormir, cuando alguien encuentra un anuncio nuevo o cuando volvemos a hablar de dinero.
Y sin darnos cuenta, aquello que estamos buscando precisamente para nuestra familia puede empezar a quitarnos la paz dentro de la familia.
Eso es lo que hoy quiero poner en manos de María.
Madre, cuida nuestra familia mientras buscamos nuestro hogar
María, hoy no quiero pedirte solamente por la vivienda que estamos buscando.
Quiero pedirte por nosotros.
Por nuestra familia tal como está hoy, mientras todavía seguimos buscando.
Porque algunas veces esta preocupación entra demasiado en nuestras conversaciones.
Hablamos de precios, de barrios, de hipotecas, de viviendas que aparecen y desaparecen, de lo que podemos permitirnos y de lo que quizá tengamos que renunciar.
Y sé que todo eso es necesario.
Pero no quiero que llegue un momento en el que solamente sepamos hablar de la casa que todavía no tenemos.
Madre, que nuestra familia no pierda la paz durante esta búsqueda.
Cuando estemos cansados y contestemos peor de lo que deberíamos, ayúdanos a detenernos antes de hacernos daño.
Si uno de nosotros tiene más ilusión que los demás por una vivienda, enséñanos a escucharnos sin intentar imponernos.
Cuando aparezcan opiniones diferentes, que sepamos recordar que estamos del mismo lado.
No somos unos contra otros.
Somos una familia intentando encontrar juntos un lugar donde vivir.
Si alguno tiene miedo, que pueda decirlo.
O si alguno está cansado de buscar, que pueda reconocerlo sin sentirse culpable.
Incluso si alguno necesita parar unos días y dejar de mirar anuncios, ayúdanos a comprenderlo.
Y si alguno conserva la esperanza cuando los demás estamos desanimados, que sepamos recibir también ese ánimo.
María, no permitas que comparemos continuamente nuestra situación con la de otras familias.
Que la casa de otros no se convierta en medida de nuestra felicidad.
No permitas que nos avergüence tener que esperar.
Que tampoco nos sintamos menos afortunados por no haber llegado todavía al lugar que deseamos.
Ayúdanos a cuidar la vida que ya tenemos mientras buscamos la que imaginamos.
Que sigamos sentándonos juntos a la mesa. Sigamos riéndonos. También que sigamos celebrando las cosas pequeñas.
O que tengamos conversaciones en las que no aparezca ni una sola vez la palabra vivienda.
Y que nuestros días no queden suspendidos esperando unas llaves.
Madre, ruega por nosotros ante Jesús.
Pídele que nos conceda la paz que necesitamos para atravesar esta etapa sin dejar que la preocupación gobierne nuestra casa.
Y cuando vuelva el cansancio, recuérdanos algo muy sencillo: nuestro hogar no empieza el día en que firmemos una escritura o crucemos una puerta nueva.
Nuestro hogar empieza en la manera en que nos queremos, nos cuidamos y permanecemos unidos hoy.
María, permanece cerca de nuestra familia.
Mientras seguimos buscando una casa, ayúdanos a cuidar el hogar que ya somos.
Y llévanos siempre hacia Jesús. Amén.
🌿 El camino continúa, pero ahora quiero mirar a mi familia
Esta oración forma parte de Camino hacia nuestro hogar, una colección para acompañar de la mano de María a quienes están buscando una vivienda.
Hasta ahora hemos hablado mucho de la propia búsqueda: esperar, discernir, visitar viviendas, reconocer una oportunidad, decidir sin miedo y no dejarnos arrastrar por las prisas.
Pero hay algo todavía más importante que cualquier vivienda que podamos encontrar: las personas con las que queremos compartirla.
👇🏾 Continúa aquí la colección:
🌿 Camino hacia nuestro hogar
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🌿 María, que no confundamos la prisa con la voluntad de Dios
La búsqueda también se sienta a nuestra mesa
Creo que una de las cosas más difíciles cuando algo nos preocupa durante mucho tiempo es impedir que termine ocupándolo todo.
Con la vivienda puede pasar fácilmente.
Encuentras un anuncio y lo mandas al grupo familiar.
Alguien responde que le gusta.
Otro encuentra un inconveniente.
Volvemos a mirar las fotografías.
Hacemos números.
Hablamos durante la cena.
Y al día siguiente volvemos a empezar.
No hay nada malo en ello. Estamos intentando resolver algo importante.
Pero quizá convenga preguntarnos de vez en cuando:
¿Cuánto espacio está ocupando esta búsqueda dentro de nuestra familia?
Porque una vivienda debería estar al servicio de nuestra vida familiar, y no nuestra vida familiar al servicio de encontrar una vivienda.
No todos vivimos la espera de la misma manera
También he comprendido que dentro de una misma familia podemos vivir esta búsqueda de formas muy distintas.
Uno puede querer mirar anuncios todos los días.
Otro puede estar harto de hacerlo.
Uno puede enamorarse rápidamente de una vivienda.
Otro necesita mirar cada detalle antes de ilusionarse.
Uno piensa sobre todo en el precio.
Otro se fija en la zona, en el espacio o en cómo sería la vida allí.
Y esas diferencias no significan necesariamente que uno tenga razón y otro esté equivocado.
Simplemente estamos mirando la misma preocupación desde lugares distintos.
El problema aparece cuando dejamos de escucharnos.
Cuando el cansancio convierte una diferencia de opinión en una discusión.
O cuando empezamos a pensar que el otro no comprende lo importante que es esto para nosotros.
Por eso esta oración no pide solamente encontrar una vivienda.
Pide algo que necesitamos ahora: seguir siendo familia durante el camino.
No quiero aplazar nuestra vida hasta encontrar casa
Esta es quizá la frase que más necesito recordarme.
Es muy fácil pensar:
«Cuando encontremos casa estaremos más tranquilos.»
«Si terminamos con esto podremos descansar.»
«Cuando tengamos nuestro hogar empezaremos esa nueva etapa.»
Y puede haber bastante verdad en todo ello.
Pero mientras llega ese momento, la vida continúa.
Hay cumpleaños, comidas juntos, paseos, días buenos y días malos, conversaciones que merece la pena tener y personas a las que abrazar.
No quiero perder todo eso mirando continuamente hacia una casa que todavía no conozco.
Quiero seguir buscando.
Pero también quiero seguir viviendo.
Un Rosario por la paz de nuestra familia
Hoy quizá podamos cambiar un poco la intención.
En lugar de ofrecer el Rosario solamente para encontrar vivienda, podemos rezarlo por nuestra familia mientras la busca.
Por nuestra paciencia. Nuestras conversaciones. Las preocupaciones económicas. Los que están más cansados. O por quienes tienen miedo.
Y por la gracia de seguir queriéndonos bien cuando no todos vemos las cosas de la misma manera.
En cada misterio contemplamos la vida de Jesús acompañados por María.
Y eso puede ayudarnos a poner de nuevo cada cosa en su sitio.
Ver los misterios del día
Hoy rezamos no solo por la casa que buscamos, sino por las personas que esperamos vivir juntas dentro de ella.
Un gesto sencillo para hoy
Regálate un rato sin hablar de vivienda
Hoy te propongo algo que parece pequeño.
Busca un momento para estar con tu familia y decide conscientemente que durante ese rato no vais a hablar de pisos, precios, hipotecas, anuncios ni visitas.
Puede ser durante una comida, tomando un café, dando un paseo o viendo algo juntos.
No se trata de ignorar el problema.
Mañana los anuncios seguirán ahí y podréis continuar buscando.
Se trata simplemente de recordar que vuestra relación necesita también espacios donde esta preocupación no entre.
Y antes de terminar el día, toma el rosario y reza:
«María, mientras buscamos nuestra casa, ayúdanos a cuidar el hogar que ya somos.»
Hoy rezamos especialmente por las familias que buscan vivienda
Hay muchas familias para las que encontrar una vivienda se ha convertido en una preocupación diaria.
Algunas llevan meses buscando.
Otras tienen que hacer números una y otra vez.
Otras necesitan mudarse y sienten que el tiempo juega en su contra.
Y detrás de cada búsqueda hay personas que intentan mantenerse unidas mientras toman decisiones importantes.
Si esta es también tu situación, puedes dejar tu intención en los comentarios o encender una vela en la Capilla de Rosario Mundial.
Hoy podemos rezar especialmente unos por otros para que ninguna búsqueda, por importante que sea, termine robando la paz de nuestras familias.
«María, guarda nuestras conversaciones, nuestras preocupaciones y nuestra manera de querernos mientras seguimos buscando.»
Madre… si estas palabras pueden acompañar a alguien como Tú me acompañas a mí, lo dejo en tus manos.
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