Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Ti.
Cuando llevamos mucho tiempo buscando una vivienda, cualquier posibilidad puede parecer urgente.
Aparece un anuncio interesante y sentimos que tenemos que llamar inmediatamente. Visitamos una casa que podría encajar y enseguida empezamos a pensar que quizá no podamos permitirnos esperar demasiado.
Y si alguien nos dice que hay más personas interesadas, la inquietud crece todavía más.
«Tenemos que decidir ya.»
Lo entiendo.
Después de tantas búsquedas, tantas cuentas y tantas puertas que no han llevado a ninguna parte, uno no quiere dejar escapar aquello que podría ser una oportunidad.
Pero hay algo que hoy quiero aprender.
No quiero confundir mis prisas con la voluntad de Dios.
Madre, ayúdanos a no ponerle el nombre de Dios a nuestras prisas
María, Tú sabes cuánto deseamos encontrar un hogar.
Conoces el tiempo que llevamos buscando, las conversaciones que hemos tenido, las cuentas que hemos hecho y también ese cansancio que algunas veces nos hace desear que todo termine cuanto antes.
Por eso hoy quiero pedirte algo que necesito especialmente.
Ayúdanos a no confundir la prisa con la voluntad de Dios.
Cuando aparezca una vivienda que nos ilusione, permítenos alegrarnos sin convertir inmediatamente esa ilusión en una respuesta del cielo.
Cuando algo parezca encajar demasiado bien, danos serenidad para seguir preguntando, comprobando y pensando.
Y cuando sintamos que podemos perder una oportunidad si no decidimos enseguida, ayúdanos a distinguir entre una urgencia real y el miedo que nosotros mismos estamos poniendo sobre la decisión.
Madre, sé que a veces tengo tantas ganas de que llegue nuestro hogar que podría terminar viendo señales donde solamente hay deseos.
Podría pensar que una coincidencia significa que Dios me está diciendo que sí.
Podría interpretar una sensación de entusiasmo como una certeza.
Incluso podría utilizar la oración para convencerme de algo que, en el fondo, ya he decidido porque tengo miedo de perderlo.
No quiero hacer eso.
Quiero rezar con un corazón abierto, no buscando que Tú confirmes lo que yo quiero escuchar.
Enséñame a decir delante de Dios: «Esto es lo que deseo, pero ayúdame a verlo con claridad».
Si necesitamos detenernos, danos valor para hacerlo aunque otros nos metan prisa.
Si necesitamos pedir un documento, consultar una duda, volver a hacer números o hablarlo otra vez en familia, que no nos avergüence pedir ese tiempo.
Pero tampoco permitas que utilicemos la prudencia como excusa para aplazar indefinidamente cualquier decisión.
Porque sé que también puedo esconder mi miedo detrás de un «todavía tenemos que pensarlo».
Ayúdanos a encontrar equilibrio.
Ni precipitarnos porque tememos perder una vivienda, ni quedarnos inmóviles porque queremos tener una seguridad que quizá nunca tendremos.
María, ruega por nosotros ante Jesús.
Pídele que nos conceda un corazón libre para buscar sinceramente lo que sea bueno para nuestra familia.
Que sepamos hacer nuestra parte con responsabilidad y después confiar.
Y si alguna vez una oportunidad se pierde porque necesitábamos comprobar algo importante, ayúdanos a no castigarnos durante semanas pensando qué habría ocurrido.
Seguiremos caminando.
Si tenemos que actuar, danos fortaleza para hacerlo.
Si tenemos que esperar, danos paciencia.
Y si tenemos que renunciar, danos paz para continuar.
Madre, no quiero que mis prisas hablen en nombre de Dios.
Quiero aprender a buscar, discernir y decidir con responsabilidad, dejando finalmente nuestro camino en sus manos.
Acompáñanos.
Y llévanos siempre hacia Jesús.
Amén.
🌿 También necesitamos aprender a caminar sin precipitarnos
Esta oración forma parte de Camino hacia nuestro hogar, una colección para quienes viven la búsqueda de una vivienda acompañados por María.
Hemos hablado de prudencia, de reconocer una buena oportunidad, de visitar viviendas y de aprender a decidir sin miedo.
Ahora aparece otra dificultad muy relacionada con todas ellas: la prisa.
Porque cuando llevamos tiempo esperando, queremos que el siguiente paso sea ya el definitivo.
👇🏾 Continúa aquí la colección:
🌿 Camino hacia nuestro hogar
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🌿 María, ayúdanos a decidir sin miedo
Cuando quiero que esta vez sea la definitiva
Creo que la prisa no siempre nace de la impaciencia.
A veces nace simplemente del cansancio.
Uno lleva meses mirando viviendas y llega un momento en el que piensa:
«Ojalá podamos terminar ya con todo esto.»
Y me parece completamente humano.
El problema comienza cuando esas ganas de terminar empiezan a cambiar nuestra manera de mirar.
Algo que antes nos habría parecido importante deja de parecérnoslo.
Una duda que habríamos querido resolver empieza a molestarnos porque tememos que preguntar demasiado retrase la decisión.
Incluso podemos comenzar a convencernos de que todo encaja porque necesitamos que encaje.
Ahí quiero tener cuidado.
No porque crea que cada decisión tenga que tomarse después de semanas de reflexión.
En la vida real hay oportunidades que exigen responder en poco tiempo.
Pero una cosa es actuar con rapidez cuando la situación lo requiere y otra muy distinta decidir desde la ansiedad.
No todo lo que ocurre después de rezar es una señal
Este punto me parece especialmente importante en un camino de oración como este.
Imaginemos que llevo tiempo pidiendo a María ayuda durante la búsqueda y, de repente, aparece una vivienda que parece adecuada.
Es fácil pensar:
«Tiene que ser esta.»
Y quizá sea una vivienda estupenda.
Quizá terminemos comprándola.
Pero haber rezado antes no convierte automáticamente todo lo que sucede después en una señal de Dios.
Una coincidencia puede ser simplemente una coincidencia.
Una emoción intensa puede ser simplemente ilusión.
Y encontrar algo que deseábamos no significa que debamos dejar de comprobar aquello que normalmente comprobaríamos.
Quiero vivir la fe de una manera más sencilla.
Pedir la intercesión de María.
Confiar en Dios.
Y al mismo tiempo utilizar la cabeza que Dios me ha dado.
Preguntar.
Comparar.
Consultar cuando no sé algo.
Hablar con mi familia.
Hacer cuentas.
Y después decidir.
La voluntad de Dios no necesita que yo la fuerce
A veces querría saber exactamente qué quiere Dios en cada pequeña decisión.
Me ahorraría muchas dudas.
Pero quizá mi tarea no sea descubrir una respuesta escondida detrás de cada circunstancia.
Quizá muchas veces se trate de algo más sencillo y también más exigente: intentar actuar bien con aquello que conozco.
Buscar lo bueno para mi familia.
No comprometer irresponsablemente nuestra economía.
Escuchar a quienes caminarán conmigo.
No engañar ni engañarme.
Pedir ayuda cuando la necesito.
Y rezar.
Después habrá decisiones en las que tendremos que dar un paso sin saber exactamente cómo será todo dentro de cinco o diez años.
Eso no significa que hayamos dejado de confiar en Dios.
Significa simplemente que somos personas y no conocemos el futuro.
La confianza empieza también ahí.
Cuando tengas prisa, lleva esa prisa al Rosario
Quizá precisamente el día en que menos tiempo creas tener para rezar sea cuando más necesites hacerlo.
No para retrasar artificialmente una decisión.
Para recuperar un poco de libertad interior.
Si tienes que responder a una propuesta, hacer una oferta o tomar una decisión importante, puedes detenerte unos minutos y rezar un misterio del Rosario.
Deja el teléfono a un lado.
No repases mentalmente la vivienda durante cada Avemaría.
Simplemente reza.
Contempla a Jesús con María.
Y permite durante unos minutos que esa vivienda deje de ocupar todo el espacio de tu cabeza.
Ver los misterios del día
Rezar no convierte nuestras decisiones en certezas. Nos ayuda a recordar que ninguna decisión debe ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón.
Un gesto sencillo para hoy
Pregúntate de dónde viene la urgencia
Si ahora mismo sientes que debes tomar rápidamente una decisión sobre una vivienda, escribe en una hoja:
«¿Qué ocurriría realmente si no decido hoy?»
Después intenta separar dos cosas.
Por un lado, las razones objetivas: un plazo verdadero, una cita, una oferta que termina o una decisión que efectivamente necesita respuesta.
Por otro, aquello que nace principalmente de tu interior:
«Tengo miedo de perderla.»
«Estoy cansado de seguir buscando.»
«Quiero que esto termine ya.»
No tienes que avergonzarte de sentir nada de eso.
Solo conviene saber qué está hablando dentro de ti.
Después reza despacio:
«María, ayúdame a no llamar voluntad de Dios a mis propias prisas. Ruega por nosotros para que sepamos actuar con serenidad y confianza.»
Rezamos por quienes sienten que tienen que decidir ya
Hoy quiero acordarme especialmente de quienes están viviendo una búsqueda bajo presión.
De la familia a la que acaban de decir que hay otros interesados.
O quien tiene miedo de perder una vivienda que podría permitirse.
De quien necesita mudarse pronto y no dispone de muchas alternativas.
Y también de quien está agotado y simplemente quiere dejar de buscar.
Si estás viviendo una situación así, puedes dejar tu intención en los comentarios o encender una vela en la Capilla de Rosario Mundial.
Rezaremos unos por otros para que la necesidad de avanzar no nos robe la serenidad necesaria para hacerlo responsablemente.
«María, acompáñanos cuando tengamos que esperar y también cuando haya llegado de verdad el momento de dar un paso.»
Madre… si estas palabras pueden acompañar a alguien como Tú me acompañas a mí, lo dejo en tus manos.
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